Al año debido

Resulta dificil enfrentarse al folio en blanco después de tanto tiempo. Ha sido un año lleno de emociones y aventuras en los que me he prodigado muy poco por aquí. Y cuando he intentado hacerlo, bien por falta de tiempo o por falta de inspiración, ha concluido en post inacabados que forman ya una buena montonera. Pero si hay algo que me he impuesto férreamente es dedicar estas ultimas horas (en muchas ocasiones, minutos) a hacer balance final. Y este año hay mucho, mucho sobre lo que meditar.

Este año no voy a hacer balance de la situación social y política. En ese sentido solo hemos ido en picado hacia abajo y, el mensaje del año pasado sigue completamente vigente. Simplemente recordados que humillando la mirada, no se ve nada. Así pues la cabeza alta y el corazón latiendo con fuerza ante cualquier intento de someternos un poco mas.

Como bien sabéis todos, la primera mitad del año la he pasado en Finlandia. No soy muy ducho en palabras y pocas encuentro que puedan hacer justicia a la hora de narrar esa experiencia.

Alguien a quien guardo mucho cariño, me dijo hace unos meses que no me preocupara, que si de verdad lo deseaba volvería a Finlandia antes o después. Y yo le contesté que si, que volvería a Finlandia, pero no a esa. Porque esa Finlandia estaba construida en torno a un grupo de gente increíble que, difícilmente se volvería a reunir en un mismo lugar. Ni mejor ni peor, simplemente se que será diferente.

Y tras un fin de carrera, un verano de mil y una aventuras, de reencuentros y resacas, llegó la calma del Otoño. Esta vez sin “ruska” y por ello quizá con los ojos humedecidos. Pero con un cambio de rumbo. Con la firma de tres contratos; de amor, salud y dinero. Y es que a todos nos llega el momento de madurar. Por fortuna yo voy flanqueando el mío, aunque deba cumplir con ciertos protocolos sociales.

Así pues, este año no puedo sino alzar una copa a la salud de mi “roomie” de Alemania, mis compañeros finlandeses, de sudáfrica, los canadienses, la entrañable gente de Korea y Hong Kong, los franceses, belgas, holandeses ingleses, irlandeses y húngaros. Sin olvidarme del siempre sonriente Esloveno y la gente de Turquia. El compañero de Texas que conocí en mi viaje a Rusia (quien me lo iba a decir). Y me dejo nacionalidades, disculpad, pero esa amalgama de culturas y lenguas ya la hubieran querido para si en Babel. Por supuesto, “chicas checas” con quien quizá tuviéramos la despedida mas emotiva, a excepción de los compañeros Españoles, con los que vivi hasta el ultimo minuto de vuelo. Mención especial por supuesto a los compañeros de México, con esas raices latinas que nos unen con mucha mas fuerza de la que habitualmente pensamos.

Porque Finlandia no volverá a ser la misma, pero yo tampoco. Lo que he empapado en esta singular convivencia es algo tiene un valor incalculable.

Por vosotros, los que entendeos estas mis palabras y los que no, alzo la copa y la voz con un sonoro “Kippis!!”. Porque habéis hecho que 2013 sea eterno.

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