Peligroso 2013

Ocurre habitualmente que las tradiciones siembran de destiempo las ultimas horas del año y al final termino escribiendo, con prisa, en los albores del siguiente.

Quizá no sea el mejor momento, como años anteriores, de hacer un resumen de lo vivido, porque poco en general hay que remarcar salvo la certeza de que el siguiente no será mejor, pero queda la esperanza de que nosotros, tal vez, si lo seamos.

Os deseo un nuevo año lleno de inquietudes, un año en el que, aunque duela la cabeza y descorazone, no podáis dejar de pensar, de analizar. Porque el año no será fácil, pero ser conscientes del problema que nos atañe es el primer paso para encontrar el camino a la solución. Pero es un camino que hemos de encontrar cada uno de nosotros y nunca, bajo ningún concepto, caer en el error de pensar que son otros los que lo han de encontrar por nosotros. Porque mientras no seamos conscientes del verdadero error no seremos sino víctimas de los mismos engaños.

Es lo mejor que os puedo y nos puedo desear. Por un año lleno de malos momentos que nos ayuden a descubrir el camino a los buenos. Me recuerda siempre alguien que como decía el trovador: “el peligro de pensar, es que puedes comprender”. Sea pues un año peligroso para todos.

MF#3: Korpiklaani – Native Land

Ya he hablado de Korpiklaani por aqui en repetidas ocasiones. Fué la primera banda que escuché cantar en finés, aunque la mayor parte de su discografía esté en inglés, incluida esta canción. Además son oriundos de Lahti, donde yo vivo. Ellos me acercaron al folk y la cultura fineses, aunque a su manera.

He aqui un canto a su tierra. No están suave como las anteriores pero creo que lo es lo bastante para ir entrando en materia. Con ellos me fui y con ellos he vuelto.

Letra Traducida

El chapoteo de las olas del lago
y el zumbido de los pinos
la heladas el norte hacen daño
la pena finlandesa lo canta.

Bosques tristes y pedregosos, sin luz.
Allí descansa mi mente,
allí olvidare el dolor,
las estrellas y la luna nos bendicen.

Oh, mi tierra natal!
mantente orgullosa, afrontando el futuro
nunca te destrozaran, desterrada en la noche.

Oh, mi tierra natal!
mantente orgullosa, afrontando el futuro
nunca te destrozaran.

El clima no nos puede asustar,
no nos puede marchitar el invierno.
La crueldad de los bosques, no puede
tomar nuestra sangre y vida.

Rugido de rápidos espumosos
y las colinas altas
los bosques de pino y bosques de abedul
sobre las grandes rocas.

Oh, mi tierra natal!
mantente orgullosa, afrontando el futuro
nunca te destrozaran, desterrada en la noche.

Oh, mi tierra natal!
mantente orgullosa, afrontando el futuro
nunca te destrozaran.


Y fue… Ruska

La primera palabra que escuché en finés fue “ruska”. La noche de mi llegada, fueron a buscarme a la estación de autobús y me dieron una vuelta por la ciudad en coche (ya hablé de ello en mi primer post). Recuerdo poco de aquella visita improvisada, incluso tiempo después he revisitado prácticamente todos los sitios y siguen pareciendo diferentes, pero lo que no olvidaré nunca es ese apasionado tono de voz diciendo “ruska”.

Llevaba tiempo queriendo dedicar un post a ello aunque siento que aún no conozco lo suficiente como para atreverme a hablar. Sin embargo, es patente la pasión de los finlandeses por la naturaleza. No es solo que vivan de ello, sino que está presente en cada rincón. Bosques, arboles, plantas tienen cabida en todas las ciudades, en su modo de vida, en sus aspiraciones, pues así como en España mucha gente busca tener su casa de vacaciones en el sobreconstruido Levante, con sus superpobladas playas, los finlandeses anhelan una solitaria cabaña en el bosque, a orillas de uno de los miles de lagos. Eso si, con su sauna. Es una vuelta a la naturaleza, a las raíces. Ciertamente, viendo el cuidado con el que ésta está presente en el dia a día, cuesta saber quien llamó a quién. Si son ellos los que desean tener la naturaleza cerca o es la naturaleza la que los llama con una fuerza irresistible.

Ahora la ruska ha desaparecido por completo, la naturaleza duerme y puede sentirse como el invierno se acerca. En Lapland ya no volverán a ver el sol hasta dentro de dos meses y aquí las horas de luz son pocas y tenues. Un paisaje que se antoja deprimente desde la perspectiva de la ciudad y que, en este marco, guarda un maravilloso tono faérico.

Invierno

Hay quien dice que las ciudades de Finlandia son feas, grises. Yo creo que el principal problema radica en el agravio comparativo. Siempre he visto los grandes núcleos de población como modernos campos de concentración. Impersonales, fríos y lejos de todo cuanto somos. Ritmos trepidantes y caras blancas avanzando sin pararse a mirar. A veces mirando, pero sin poder ver. Todos muy cerca, porque es eficiente, a la hora de producir y a la hora de consumir. Porque el resto no importa, porque un sitio donde ir a ver, a escuchar, a sentarte y a sentirte no tiene ningún interés si no genera beneficio. Y el beneficio del individuo, por norma, es el perjuicio del capital.

Remarco, con esto, la evidente desaparición de zonas verdes o de ocio en España, la aparición de normativas que impiden tomarte un bocadillo y un refresco en cualquier lugar y cualquier otra perversión del concepto que nos mantiene atrapados en el mundo artificial, el que hemos construido y nos aleja del natural. Cómo no va a haber pues, un agravio comparativo, cuando desde nuestro lado de la valla podemos ver la naturaleza en su máxima expresión. Llamándonos y atrayéndonos. Y es que puerta del zoo sigue abierta, para volver a lo que siempre estuvo ahí y no olvidar lo que somos, pero, al final, el olor de las sardinas nos vuelve a distraer.