De Langostinos, Banquetes y Vinilos…

Aunque últimamente el tema vuelve a estar candente, debido a la última barrabasada del tándem gobierno-empresarios (“artistas”), llevaba un tiempo pensando en escribir un post a tal efecto. Hasta ahora había preferido dejarlo correr, salvo comentarios puntuales, porque la verdad es que no merecen mi tiempo ni mi atención.

Sin embargo, ahora que pretenden instaurar un nuevo modelo de censura, ha llegado el momento de ponerle un poco de atención al tema. Y es que, el hecho de que ciertas libertades existan, no implica que tengas que “hacer uso” de ellas. Pero suprimir una sola de ellas, implica no solo una lucha constante por recuperarla, sino el ejercicio de ésta desde la “clandestinidad”.

Como su discurso es inconsistente, pero les dejan hablar mas alto, yo que apenas tengo voz, voy  a servirme de la claridad. Con este fin, he publicado en los últimos dias, dos pequeños cuentos. Podríamos decir que son una fábula, y una crónica. Que si bien al leer la primera parece ridícula, al encontrarnos con la segunda, vemos que ese es el modelo de negocio por el que abogan los que dicen llamarse “artistas” (y que actualmente ostentan).

Si el primero de los casos se llevara a cabo, nos encontraríamos ante un embrollo de dimensiones colosales. Creo que, como todo sentido común indica, si vendes un producto, vendido está. Lo que tu comprador haga con el, ya es cosa suya. Si además tuviera que percibir una parte proporcional por cada uso de éste… Bueno, en ese caso, los productores de materias primas, se convertirían en la mayor fuerza del mercado. Curiosamente, hoy por hoy, esos suelen ser los países mas pobres.

Sin embargo, si de los “artistas” tratamos, nos encontramos con lo contrario, son los mas adinerados los que se apuntan al carro. Claro, es lógico, percibir dinero indefinidamente por el trabajo de unos meses, es algo bastante jugoso. Seguro que Víctor (el campesino) estaría encantado de la rentabilidad de su trigo. Además, estos son los mas adinerados precisamente por ello. No vamos a engañarnos, aqui nadie teme que la música desaparezca. Lo que muchos temen es no poder vivir del cuento. Tener que trabajar como un obrero y percibir un sueldo medio.


Decía el otro día, un Victor Manuel (y digo “un” con conocimiento de causa, por su actitud de “veleta”, que tan pronto va como viene, según conveniencias): “Si en las bodas se pagan los langostinos, también se paga la música”. Y si señor!! COMPLETAMENTE DE ACUERDO. Salvo que no como tú lo pretendes, querido Víctor (éste ya es el músico).

Si yo me como un langostino, nadie mas en el mundo, en ningún momento y de ningún modo, podrá comer ya ese langostino. Es un bien único. Si yo me como un langostino, pago el langostino y soy propietario de éste de por vida. Si lo tiro la mar (aunque muerto), al gato o me hago unas croquetas, es problema mio. Un langostino, un uso, un propietario.

Ahora, si yo me compro uno de tus discos, no adquiero un bien único. Compro una copia, algo con un coste de duplicación cero (adornos del negocio aparte). No estoy comprando tu canción, no es exclusivamente para mi. Es mas, si yo pago por el disco, tampoco obtengo nada. Por ejemplo, seguimos con tu ilustrada frase y lo equiparamos a los langostinos.

Para mi boda, el restaurante NoMeTimes Campeón hace un pedido de 200 cajas de langostinos (somos de buen comer). Además, cuenta en su biblioteca musical con una colección de 200 discos. Los langostinos los paga, pues son un bien del que no dispone y del que, tras adquirirlos, priva al vendedor. Sin embargo… los 200 discos ya los ha pagado. ¿Es que debe pagar otra vez? El hecho de que el restaurante reproduzca 1 o 200 veces los discos, no priva de nada a nadie. Sin embargo, debe pagar de nuevo, como si de bienes únicos, como los langostinos, se tratase.

Claro… que si por ser un bien perecedero no queremos compararlo con langostinos (aunque fueras tú quien lo propuso), vamos a compararlos con los manteles bordados a mano de los que dispone semejante negocio. No se que me dirás tu, pero a mi los bordadores me parecen unos auténticos artistas.Pues bien, en este nuevo e hipotético caso (los bordadores, al contrario que otros, son gente honrada), nos encontraríamos con que el restaurante cuenta con 200 discos y 200 manteles, todos comprados previamente. Sin embargo, se encuentra con que, para cada uso, mientras que los manteles (otra vez un bien único, material) los ha comprado y ya no tiene que pagarlos (ya lo ha hecho) las canciones tiene que pagarlas una y otra vez. Eso si, ADEMAS exigiéndole no solo que las pague como si de un alquilar habláramos. Sino que cuente con discos ORIGINALES. Si en lugar de bordadores, nos referimos a las pinturas que cuelgan de la pared, volvemos al ver que el pintor no está percibiendo dinero por cada persona que contempla su cuadro. Lo ha vendido, fin del negocio.

Vamos a ver, aqui no se puede mamar y morder al mismo tiempo sin joder la teta. Si lo que quieres es que tu obra sea tratada como una “licencia”, entonces bien, cobra un Canon por cada reproducción. Si lo que pretendes es que sea tratado como un bien material, entonces vende el disco. Pero hombre, no hagas al señor López (dueño del restaurante y amigo personal) pagarte un disco que no sirve para nada, porque luego tendrá que pagarte el “alquiler” de las canciones.

Eso es lo que lleváis intentando hacer demasiado tiempo. Y, ahora que hos habéis cargado el pezón, lloráis como podéis, a quién podéis e inventando lo que sea. Porque, asumámoslo, para vosotros, para ti, cantante de la izquierda, no hay nada mas jodido que la idea de ser un “sucio” proletario.

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