El Músico y la SGAE

Había una vez, un artista que componía sus canciones. Tenía una hermosa colección de la cual su subsistencia dependía. Todos los años, tras el verano, este artista, al que llamaremos… Víctor, recurría a la SGAE (Sociedad General de Autores), que se encargaba de gestionar sus derechos de explotación, pues Víctor no era muy ducho con las matemáticas.

Víctor vendía el disco a La Discográfica, a cambio de lo cual cobraba una buena cantidad, como remuneración por su trabajo. Pero, Ay del pobre Víctor!! Suerte que contaba con SGAE, pues un hombre bueno y trabajador como él no podía ver lo que La Discográfica tramaba.

Los espabilados de La Discográfica, tenían intención de hacer videoclips con esas canciones, para venderla a múltiples cadenas. Por fortuna, SGAE pudo intervenir a tiempo, salvaguardando los intereses de Víctor. Si esos empresarios pretendían emitir la música de Víctor, éste debería llevarse una parte proporcional. Al fin y al cabo, el había trabajado las canciones. Los empresarios, no estaban muy convencidos.

Pero mientras esto ocurría, La Discográfica, que en su ansia de hacer daño no conocía limites, ya estaba haciendo discos con las canciones. Por suerte, SGAE llegó a tiempo de aclarar a los compradores que, si querían usar esos discos en su iPod / Disco Duro, deberían pagar una parte proporcional de sus ingresos, pues el trabajo de Víctor no era gratuito.

Tanto empresarios como compradores aceptaron de mala gana. Pero, ¡cómo no iban a hacerlo! Víctor era un nombre honrado que había trabajado duro, merecía percibir ganancias por su esfuerzo.

Pero la SGAE, que todo lo sabe, no descansaba tranquila. Sabía que algo mas se estaba tramando y, tirando del hilo, descubrió la verdad. Aunque los compradores cumplían con su deber para con Víctor, luego alguno usaba sus discos en su negocio. Es mas, incluso había quien, se atrevía a usarla de banda sonora en sus cortometrajes. ¡¡El mundo estaba loco!! ¡¡Esto había que detenerlo!! Así pues, haciendo uso del buen juicio, hicieron entender tanto a bares como a restaurantes que debían entregar una parte proporcional de sus ganancias a Víctor, al fin y al cabo, el trabajaba sus canciones. No podían beneficiarse de su esfuerzo!

El mundo parecía volver a la normalidad. Todo estaba en orden y Víctor ya podía dormir tranquilo. Y así pasaron los años, hasta que, una fría noche de invierno, Víctor se despertó sobresaltado y sudoroso. Había tenido una pesadilla. Imaginó, por un momento, un mundo caótico y sin piedad. Un futuro desolador en el que, algunos desalmados ¡¡cantaban sus canciones en voz alta, sin declararlo a la SGAE!!

Epilogo

El pobre Víctor, tras ver cumplidas sus mas funestas pesadillas, quedó solo, hambriento y desahuciado. Sus ingresos se redujeron tanto que se equiparaban a los de un simple albañil. Presa del pánico, sin poder mezclar la langosta y el caviar, murió, sin llegar a saber que la ultima sigla de SGAE indicaba Editores. Su enemigo, estaba en casa.

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