El Campesino y la SGAE

Había una vez, un campesino que labraba de sol a sol sus tierras. Tenía una hermosa plantación de trigo de la cual su subsistencia dependía. Todos los años, tras la cosecha, este campesino, al que llamaremos… Víctor, recurría a la SGAE (Sociedad Gestora de Agricultores), que se encargaba de gestionar sus derechos de explotación, pues Víctor no era muy ducho con las matemáticas.

Victor vendía el grano a La Cooperativa, a cambio de lo cual cobraba una buena cantidad, como remuneración por su trabajo. Pero, ¡¡Ay del pobre Víctor!! Suerte que contaba con SGAE, pues un hombre bueno y trabajador como él no podía ver lo que La Cooperativa tramaba.

Los espabilados de La Cooperativa, tenian intención de hacer harina con parte de ese trigo, para venderla a múltiples panaderías. Por fortuna, SGAE pudo intervenir a tiempo, salvaguardando los intereses de Víctor. Si esos panaderos pretendían vender pan que llevara harina del trigo de Víctor, éste debería llevarse una parte proporcional de cada hogaza. Al fin y al cabo, el había trabajado el trigo. Los panaderos, no estaban muy convencidos.

Pero mientras esto ocurría, La Cooperativa, que en su ansia de hacer daño no conocía limites, ya estaba haciendo pienso con otra parte del trigo. Por suerte, SGAE llegó a tiempo de aclarar a los ganaderos que, si querían vender los animales alimentados con ese pienso, deberían pagar una parte proporcional de sus ingresos, pues el trabajo de Víctor no era gratuito.

Tanto panaderos como ganaderos aceptaron de mala gana. Pero, ¡cómo no iban a hacerlo! Víctor era un nombre honrado que había trabajado duro, merecía percibir ganancias por su esfuerzo.

Pero la SGAE, que todo lo sabe, no descansaba tranquila. Sabía que algo mas se estaba tramando y, tirando del hilo, descubrió la verdad. Aunque los ganaderos cumplian con su deber para con Víctor, en el mercado luego comerciaban con la carne de esos animales. Es mas, incluso habia quien, después de cocinarla, se atrevía a servirla en restaurantes. ¡¡El mundo estaba loco!! ¡¡Esto había que detenerlo!!. Asi pues, haciendo uso del buen juicio, hicieron entender tanto a carniceros como a restaurantes que debían entregar una parte proporcional de sus ganancias a Víctor, al fin y al cabo, el labraba sus tierras de sol a sol. No podían beneficiarse de su esfuerzo!.

El mundo parecía volver a la normalidad. Todo estaba en orden y Víctor ya podia dormir tranquilo. Y así pasaron los años, hasta que, una fria noche de invierno, Víctor se despertó sobresaltado y sudoroso. Había tenido una pesadilla. Imaginó, por un momento, un mundo caótico y sin piedad. Un futuro desolador en el que, algunos restaurantes ¡¡ofrecían pan con la comida, sin declararlo a la SGAE!!.

Epílogo

El pobre Víctor, tras ver cumplidas sus mas funestas pesadillas, quedó solo, hambriento y desahuciado. Sus ingresos se redujeron tanto que se equiparaban a los de un simple albañil. Presa del pánico, sin poder mezclar la langosta y el caviar, murió, sin llegar a saber que la última sigla de SGAE indicaba Empresarios. Su enemigo estaba en casa.

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